La muerte de Sofía Devries, la joven de 23 años que desapareció mientras realizaba una práctica de buceo en Puerto Madryn, sigue generando conmoción. Este miércoles, tras intensos operativos de búsqueda encabezados por Prefectura Naval, su cuerpo fue hallado en el mar.
El dato clave llegó con la autopsia: murió por asfixia por sumersión, es decir, ahogamiento.
El estudio preliminar confirmó que la causa de muerte fue ahogamiento, sin indicios de violencia. Según detalló la forense Vanina Botta, el cuerpo no presentaba signos de criminalidad de terceros.
Este punto despeja, en principio, la hipótesis de un hecho intencional. Sin embargo, la investigación sigue abierta.
Desde el Ministerio Público Fiscal provincial explicaron que la pesquisa apunta ahora a determinar si el trágico desenlace fue producto de una contingencia propia del buceo o si existió alguna responsabilidad externa.
La pregunta que guía la causa es clara: ¿hubo una eventual falta a los deberes de cuidado por parte de terceros?
Los investigadores trabajan sobre pericias técnicas, toma de testimonios y revisión de protocolos. Buscan establecer si se cumplieron las medidas de seguridad exigibles para este tipo de actividad.
La noticia impactó fuerte en Puerto Madryn, una ciudad donde el buceo es una práctica habitual y forma parte de su identidad turística. La muerte de Sofía abrió un debate inevitable sobre controles, responsabilidad y prevención.
Por ahora, el dato confirmado es uno: la autopsia descartó un crimen y confirmó ahogamiento. Lo que resta es determinar si fue un accidente inevitable o si hubo errores que pudieron evitar la tragedia.
La investigación continúa.