Se fue una leyenda. Robert Duvall murió a los 95 años y el mundo del cine quedó en silencio.
La noticia fue confirmada por su esposa, la cineasta argentina Luciana Pedraza, quien señaló que el actor “pasó en paz en su casa, rodeado de amor y consuelo”.
Con su partida, se cierra una de las trayectorias más sólidas y respetadas de Hollywood. Más de 70 años de carrera, siete nominaciones al Oscar y una estatuilla que coronó su talento.
Duvall quedó grabado en la historia grande del cine por su papel de Tom Hagen en El Padrino y su secuela. El consigliere de la familia Corleone fue uno de los pilares silenciosos de la saga.
Pero también dejó una marca imborrable como el teniente coronel Kilgore en Apocalypse Now, con una de las frases más icónicas del cine: “Amo el olor del napalm por la mañana”.
Su versatilidad lo llevó a ganar el Oscar a Mejor Actor en 1984 por Tender Mercies, donde interpretó a un cantante de country en crisis. Antes había debutado en la pantalla grande como Boo Radley en To Kill a Mockingbird.
En 1997 escribió, dirigió y protagonizó The Apostle, uno de sus proyectos más personales. Y en 2015 volvió a ser nominado al Oscar por The Judge, convirtiéndose en ese momento en el actor masculino de mayor edad en competir por la estatuilla.
Formado en la técnica Meisner en el Neighborhood Playhouse de Nueva York, compartió aulas con nombres como Gene Hackman y Dustin Hoffman. Esa base le dio una profundidad interpretativa que lo convirtió en referencia obligada.
Cuatro Globos de Oro, dos premios Emmy y el respeto absoluto de la industria resumen parte de su legado. Pero más allá de los premios, Duvall fue considerado siempre un “actor de actores”: sobrio, preciso y comprometido con cada personaje.
También supo combinar prestigio y estabilidad económica, con una carrera que abarcó superproducciones y cine independiente, además de su trabajo como director y productor.
Robert Duvall deja una filmografía inmensa y una huella imposible de borrar. El cine pierde a uno de sus grandes narradores.