Se trata de una unidad de terapia intensiva móvil de alta complejidad, adquirida en Córdoba, que llegará a la ciudad en las próximas semanas. Esta donación no es un simple acto de filantropía, sino el cumplimiento de una promesa personal nacida de la tragedia. En los años 80, durante unas vacaciones familiares en la Península Valdés, Andrés sufrió un grave accidente en su Renault 11 en la ruta hacia Punta Norte. En el siniestro perdió la vida su esposa, Analía, mientras que él y su pequeña hija sobrevivieron gracias a la atención del personal médico y la contención humana que recibieron en Madryn.
Para Andrés, cada paciente que reciba atención en esta ambulancia representa un eslabón en la sanación del alma de su esposa. Es una historia de gratitud silenciosa que, tras 38 años de espera, finalmente se materializa en una herramienta vital para la salud pública local.