Las imágenes hablan solas. Desde el aire, Chubut aparece marcada por cicatrices negras, extensiones interminables de bosque quemado y zonas donde el verde ya no existe. Greenpeace sobrevoló las áreas más afectadas por los incendios forestales y documentó una catástrofe ambiental que ya alcanza cerca de 30.000 hectáreas arrasadas.
Los registros corresponden a focos ubicados en Puerto Patriada, El Hoyo y Epuyén, donde el fuego consumió alrededor de 15.000 hectáreas y logró ser contenido, y al Parque Nacional Los Alerces, donde el incendio sigue activo tras destruir otras 12.000 hectáreas. En la zona de El Turbio, el daño suma unas 3.000 hectáreas más.

Desde la organización ambientalista advirtieron que lo ocurrido no es casual ni imprevisible. Sequías prolongadas, temperaturas extremas, vientos intensos y la expansión de pinos exóticos conformaron un escenario ideal para que el fuego avance sin freno.
“Negar o subestimar la crisis climática es una irresponsabilidad política”, afirmó Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace, quien apuntó directo contra la falta de políticas públicas sostenidas para la prevención de incendios.

Los números respaldan la gravedad del escenario. Según informes oficiales, las lluvias en la región cordillerana cayeron un 43% durante el último año y las nevadas estuvieron 37% por debajo del promedio histórico. A eso se sumaron temperaturas hasta 7 grados más altas de lo normal durante enero en Chubut y provincias vecinas.
El resultado: vegetación seca, calor extremo y un terreno listo para arder.

Greenpeace y trabajadores de Parques Nacionales también denunciaron la falta de recursos humanos para enfrentar la emergencia. Actualmente hay unos 400 brigadistas para cubrir más de 5 millones de hectáreas, cuando el mínimo necesario sería casi el doble.
“El bosque no se quema solo. Se quema cuando se recortan presupuestos y se llega tarde”, remarcó Giardini, quien calificó la situación como “un ecocidio anunciado”.

Un informe conjunto de organizaciones ambientalistas advirtió que el 95% de los incendios forestales tiene origen humano, ya sea por acciones intencionales, negligencia o accidentes. Fogatas mal apagadas, quema de residuos y prácticas rurales con fuego siguen siendo detonantes frecuentes, en un contexto climático cada vez más extremo.

Las imágenes aéreas difundidas por Greenpeace no solo muestran destrucción: funcionan como una advertencia. Lo que hoy arde en Chubut podría repetirse en otros puntos del país si el fuego sigue encontrando terreno fértil y un Estado que llega tarde.